La conservación de esta especie pasa por la adopción de medidas urgentes que frenen las causas de su rápido y progresivo declive. la modificación del hábitat fluvial, ha sido lo que más ha mermado las poblaciones de trucha común. Una de las alteraciones del hábitat más extendidas en los sistemas fluviales y que más perjudican a la trucha común es la alteración de los caudales naturales de los ríos y de sus características (profundidad y anchura del cauce, velocidad del agua), que sufren continuos cambios por actividades humanas tales como la extracción de agua destinada a usos agrícolas, principalmente.
Eclosionando los huevos (entre 1.000 y 2.000 por cada kilo de peso), que miden de 3 a 5 mm., durante el invierno. El periodo de incubación oscila entre 45 días y 2 meses, tras el cual aparecen los alevines que permanecen en los riachuelos donde han nacido para mas tarde trasladarse a aguas más profundas.
Se alimentan de casi cualquier clase de materia animal fresca, como peces pequeños, crustáceos y larvas de insectos.
Es una especie que requiere aguas claras, frías y bien oxigenadas, con fondos pedregosos, situándose en las corrientes de las entradas y salidas de las pozas, devorando todo lo que pasa cerca de ellas, pues rara vez se desplaza de su zona de caza.
Trucha Común es un pez emblemático de las sierras riojanas,"reina de los ríos". Vigoroso, agresivo perfectamente adaptado y a las aguas frías y cristalinas de los tramos altos.
Este Salmónido presenta a lo largo de su cuerpo ocelos de rojo circundados por un aura blanquecina y abundantes pintas negras en el tercio superior del cuerpo. Se distingue de la Trucha Arco Iris, por carecer de manchas negras en la aleta caudal y, de presentarlas, nunca dispuestas en hileras.
La cabeza es relativamente pequeña, concluida en un hocico achatado, cuya mandíbula suele curvarse hacia arriba en los machos adultos. La boca está dotada de unos finos dientecillos.
Aunque lo normal son los individuos de unos 25 a 35 cm. la Trucha Común puede alcanzar tallas de hasta 90 y pesos excepcionalmente superiores a los 7 kg. (según J. Roig en zonas lacustres un ejemplar capturado en 1956 midió 140 cm. y pesó 13 kg.).
Las Truchas pueden presentar diferentes tonalidades, incluso de un río a otro, aún próximos. La Rioja puede considerarse una zona privilegiada en cuanto a la distribución de las poblaciones trucheras, pues habita en todos los ríos excepto en el más oriental ,el Alhama.
Tampoco se encuentra en el río Ebro, debido a la bajísima calidad de sus aguas
Las mejores poblaciones se encuentran en los ríos Iregua y Najerilla, en el Najerilla se distribuye desde sus afluentes en cabecera hasta su desembocadura en el Ebro, siendo menos abundante cuanto más nos acercamos a este último.
Como se puede deducir, a la vista las zonas que la Trucha Común ocupa en nuestros ríos, su habitat óptimo se sitúa en los tramos altos y los arroyos de montaña, donde las aguas son frías, oxigenadas y exentas de contaminación.
No soporta temperaturas superiores del agua a los 15ºC, dado que a mayor temperatura disminuye la concentración de oxígeno y, por lo tanto, sus posibilidades de supervivencia. La contaminación le afecta en gran medida, siendo ésta una de las múltiples causas del descenso paulatino de sus poblaciones.
Captura todo tipo de presas, con predominio de la fracción entomófaga, (insectos acuáticos adultos, sus larvas e insectos terrestres caídos al agua) y alevines de otras especies, incluyendo la suya propia.
Muestran una acusada tendencia a capturar su sustento en las horas crepusculares o nocturnas, o cuando las condiciones climatológicas (días nublados) se asemejan a los momentos citados. Aún con todo, si el alimento es abundante a plena luz del día, no dudan en dedicarse a capturar a sus presas, sopena de verse a su vez apresada por sus predadores, como la Garza o la Nutria. Sin lugar a dudas, su mayor predador en este momento es el propio hombre.
La madurez sexual se produce entre los 2 y los 4 años, siendo más precoces los machos (fértiles a los 2-3 años) que las hembras (habitualmente fértiles a los 3-4 años en la Península Ibérica).
La conservación de esta especie pasa por la adopción de medidas urgentes que frenen las causas de su rápido y progresivo declive. Una de ellas es la falta de agua en nuestros cauces fluviales por la extracción para uso agrícola, tanto directamente del río, como de los acuíferos circundantes. Es necesaria y urgente la instalación de depuradoras en todas las poblaciones que vierten sus aguas en los ríos. Tratándose de núcleos urbanos no demasiado grandes y de sustancias contaminantes en su mayoría no industriales, el costo de las mismas no debería ser excesivamente alto. En poblaciones como Villoslada de Cameros, Torrecilla en Cameros, en la cuenca del río Iregua; Villavelayo, Anguiano, Bobadilla, Baños de Río Tobía y Nájera, en la del Najerilla, son urgentes este tipo de instalaciones.
Otra de las causas que inciden en el deterioro de las poblaciones trucheras es la continua alteración de su hábitat natural, mediante el encauzamiento de los ríos y la construcción de presas insalvables por este Salmónido.
Las presas, en su mayor parte mal proyectadas, carecen de pasos apropiados para permitir las migraciones; las poblaciones, aisladas entre sí, van envejeciendo paulatinamente al no renovarse genéticamente con Truchas procedentes de otras zonas del mismo río.
Precisamente esto, la modificación del hábitat fluvial, ha sido lo que más ha mermado las poblaciones de trucha común. Una de las alteraciones del hábitat más extendidas en los sistemas fluviales y que más perjudican a la trucha común es la alteración de los caudales naturales de los ríos y de sus características (profundidad y anchura del cauce, velocidad del agua), que sufren continuos cambios por actividades humanas tales como la extracción de agua destinada a usos agrícolas, principalmente.
Los embalses, por ejemplo, constituyen un problema para las poblaciones trucheras. Pero el mayor peligro actual está en los periodos de desembalse de agua, que se suelta en función de las necesidades agrícolas invirtiendo el ritmo natural e impidiendo que la trucha pueda culminar su ciclo de vida. De hecho, en verano, cuando las necesidades de riego son mayores, se genera un gran caudal, cuando la trucha en esta época está naturalmente acostumbrada a caudales escasos. En invierno se produce la situación contraria, y todo esto provoca disfunciones y pérdidas irrecuperables en la freza y el alevinaje.
Las obras también alteran profundamente el hábitat de la trucha común, tanto las obras de embalses como las de las centrales hidroeléctricas, ya que provocan cortes, modificaciones de caudal y mucha turbidez en las aguas. Las centrales hidroeléctricas, que se han expandido de forma notable en los últimos años por la creciente utilización de energías renovables, tienen además el problema añadido de que en la mayoría de los casos no se respeta un caudal ecológico suficiente (porque generalmente tienen concesiones antiguas bajo unas condiciones inadecuadas), lo que provoca que entre el tramo de la toma de aguas y la vuelta de esas aguas después de la central se produzca una desecación del río, con la consiguiente pérdida de productividad en ese tramo. Por otra parte, la presencia en el río de una presa supone una barrera para el desplazamiento natural de los peces, ya sea por movimientos migratorios o alimentarios.
La contaminación de los ríos por aguas fecales ha sido otra de las amenazas constantes para el hábitat de la trucha común, si bien en este campo se ha estado trabajando intensamente en los últimos años desde la administración autonómica y local y ya es un problema prácticamente solucionado. De hecho, a día de hoy se depuran aproximadamente el 85% de nuestras aguas fecales.
Antes de terminar con los ejemplos de destrucción del hábitat que sufre la trucha común hay que mencionar por su importancia creciente los dragados y encauzamientos, que destruyen zonas de freza y zonas de descanso así como la fauna y flora asociada a ellas.
Otro gran factor que influye en el estado y tamaño de las poblaciones es la presión pesquera. La afición que despierta la pesca en La Rioja queda de manifiesto con el número de licencias de pesca que ha superado las 13.000 en los últimos cinco años, excepto en 2002, año en que el número de licencias descendió a 11.804. Aunque todavía es pronto para hacer interpretaciones seguras, este descenso en el número de licencias puede deberse a un desinterés general provocado precisamente por la actual dificultad de practicar con éxito la afición.
Abordar toda esta lista de “amenazas” para tratar de mitigar su efecto negativo sobre nuestra población truchera no es tarea fácil, precisamente porque la multiplicidad y variedad de estos factores conlleva, igualmente, la disparidad de competencias en su gestión. De hecho, desde la administración ambiental riojana únicamente se puede actuar sobre la presión piscícola, las repoblaciones de nuestros ríos y la contaminación de las aguas; pero el resto de factores escapan al ámbito competencial de la Consejería de Turismo, Medio Ambiente y Política Teerritorial y, en algunos casos, son fruto de una dinámica social y económica que en la actualidad, es muy difícil de detener.